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A review by ronronia
Doña Perfecta by Benito Pérez Galdós
No le pongo clasificación, porque me ha aburrido muchísimo, pero es por el mismo motivo que la hace, en su contexto histórico, importante.
Galdós introduce en España un tipo de novela que habla de acontecimientos históricos del país, y su novedad es que toma clarísimo partido. Entre un pueblo de subterfugios y fingimientos que exhibe una fé religiosa teatral, toma partido por la franqueza inocente. Toma partido en los acontecimientos históricos que narra, se compromete. Parece en ocasiones que más que una novela estuviera escribiendo un ensayo con sus opiniones sobre los problemas del país. Por otro lado, a veces es muy teatral y se entiende perfectamente que la llevaran a los escenarios.
El problema para mí, cuando la leo hoy en día, está en ese «clarísimo» que he escrito: Galdós no se fia, y seguramente hace bien, de que el lector de su época le entienda y cae en la repetición y la obviedad.
Esa obviedad empieza con la llegada de Rey al pueblo. Galdós describe magistralmente la fealdad del entorno con sustantivos y adjetivos. Perfecto. Después para contrastar le pone nombres hermosos y poéticos a todos los lugares del pueblo. De nuevo, perfecto. Pero entonces siente la necesidad de que Rey explique explícitamente lo que ya nos estaba contando implícitamente, y le pone a hacer «chistes» de fealdad vs nombre. Y no uno ni dos, sino varios, hasta que consigue agotar una idea que en principio es muy buena.
Lo mismo para con el nombre de los personajes: Perfecta para la mujer respetada y obedecida por todo el pueblo. Inocencio para el cura experto en mostrarse falsamente humilde e inocente. Vuelve a hacer obvio lo que podría haber sido sutil. ¿Adrede? Seguramente, porque está introduciendo en la literatura española algo muy nuevo, pero, tantas décadas después, a mí me aburre.
Y así transcurre la novela. La falsa amabilidad de la tía hasta el sobrino, la falsa humildad e inocencia del cura, repetidos hasta la saciedad, por si no nos hubiéramos enterado bien las primeras quince veces.
La descripción física y psicológica de los personajes está muy bien, cuando la hace el narrador. La idea de mostrar las reticencias de un país beato y absolutista ante los avances es loable. En general, cuando habla el narrador, me parece buenísima, pero creo que se ha quedado antigua, igual que, por ejemplo, se ha quedado antigua su traducción de Grandes Esperanzas, en la que se empeñó en poner puntuación donde Dickens la había eliminado adrede, o en traducir el cockney al castellano normal.
Resumiendo: no, no me gusta, pero entiendo por qué se considera importante. ¿Cómo le pones estrellas a eso?
Galdós introduce en España un tipo de novela que habla de acontecimientos históricos del país, y su novedad es que toma clarísimo partido. Entre un pueblo de subterfugios y fingimientos que exhibe una fé religiosa teatral, toma partido por la franqueza inocente. Toma partido en los acontecimientos históricos que narra, se compromete. Parece en ocasiones que más que una novela estuviera escribiendo un ensayo con sus opiniones sobre los problemas del país. Por otro lado, a veces es muy teatral y se entiende perfectamente que la llevaran a los escenarios.
El problema para mí, cuando la leo hoy en día, está en ese «clarísimo» que he escrito: Galdós no se fia, y seguramente hace bien, de que el lector de su época le entienda y cae en la repetición y la obviedad.
Esa obviedad empieza con la llegada de Rey al pueblo. Galdós describe magistralmente la fealdad del entorno con sustantivos y adjetivos. Perfecto. Después para contrastar le pone nombres hermosos y poéticos a todos los lugares del pueblo. De nuevo, perfecto. Pero entonces siente la necesidad de que Rey explique explícitamente lo que ya nos estaba contando implícitamente, y le pone a hacer «chistes» de fealdad vs nombre. Y no uno ni dos, sino varios, hasta que consigue agotar una idea que en principio es muy buena.
Lo mismo para con el nombre de los personajes: Perfecta para la mujer respetada y obedecida por todo el pueblo. Inocencio para el cura experto en mostrarse falsamente humilde e inocente. Vuelve a hacer obvio lo que podría haber sido sutil. ¿Adrede? Seguramente, porque está introduciendo en la literatura española algo muy nuevo, pero, tantas décadas después, a mí me aburre.
Y así transcurre la novela. La falsa amabilidad de la tía hasta el sobrino, la falsa humildad e inocencia del cura, repetidos hasta la saciedad, por si no nos hubiéramos enterado bien las primeras quince veces.
La descripción física y psicológica de los personajes está muy bien, cuando la hace el narrador. La idea de mostrar las reticencias de un país beato y absolutista ante los avances es loable. En general, cuando habla el narrador, me parece buenísima, pero creo que se ha quedado antigua, igual que, por ejemplo, se ha quedado antigua su traducción de Grandes Esperanzas, en la que se empeñó en poner puntuación donde Dickens la había eliminado adrede, o en traducir el cockney al castellano normal.
Resumiendo: no, no me gusta, pero entiendo por qué se considera importante. ¿Cómo le pones estrellas a eso?