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A review by alberony
Oblómov by Ivan Goncharov
4.0
«Hace tiempo que me da vergüenza vivir».
Cada nueva lectura supone ser un descubrimiento, develamiento que puede ir desvaneciéndose el asombro que yace a escondida a medida que pasamos de una página otra. Sabemos que la memoria nos juega al engaño, que fractura los grandes momentos que encontramos en algunas páginas, más su enemiga el olvido nos dice: mira lo que acabas de descubrir. Pero quizás este hallazgo ya lo hemos visto en otro lugar. El supuesto de lo mismo lo encontramos con este texto, que quizás tenga alguna aproximación, pero no, el personaje que le da vida a este texto es sinigual, tú lo amas o lo odia, lo comprende o le llama la atención.
La novela de Ivan. A. Goncharov "Oblomov" se publicó en 1859 en la revista "Domestic Notes" y se considera el pináculo de todo el trabajo del escritor. La idea de la obra apareció ya en 1849, cuando el autor publicó uno de los capítulos de la futura novela, El sueño de Oblomov, en la Colección Literaria. El trabajo de la futura obra maestra tuvo interrupciones a menudo y finalizó solo en 1858.
La novela "Oblomov" de Goncharov está incluida en una trilogía con otras dos obras de Goncharov: "Acantilado" e "Historia ordinaria". La obra esta escrita según las tradiciones de la literatura del realismo. En la novela, el autor destaca el problema de la sociedad rusa: "Oblomovismo", que considera la tragedia de la persona superflua y el problema del desvanecimiento gradual de la personalidad, revelándolos en todos los aspectos de la vida cotidiana y la vida mental del héroe.
«Para Oblómov la vida se dividía en dos partes: una la constituían el trabajo y el aburrimiento, ambos eran sinónimos para él; la otra, el disfrute apacible de la vida. Por ello, el campo principal, el campo del trabajo, lo desconcertó desde el principio del modo más desagradable»
“Escribí mi vida y lo que creció”, dijo Ivan Goncharov sobre Oblomov. El escritor parece hacerse la pregunta: ¿qué es el oblomovismo: ¿una edad de oro o la muerte, el estancamiento? El texto está dominado por motivos de estática, inmovilidad y decadencia, pero al mismo tiempo como vemos a su protagonista también podemos sentir la simpatía del autor, el humor bonachón, y no solo una negación satírica de la existencia inactiva de la nobleza local, echado todo el tiempo en un mueble, asistir a las riñas entre Zajar, su sirviente, quien había echado toda una vida, y que lo conocía de arriba abajo, Quijote y Sancho, dos mutuales. «las relaciones entre Oblómov y Zajar eran siempre algo hostiles. Por el hecho de vivir juntos tanto tiempo estaban hartos el uno del otro. El trato cotidiano cercano entre dos personas deja su huella tanto en uno como en otro; se precisa gran experiencia vital, de una parte, y mucha lógica y cordialidad, de otra, para gozar de las cualidades tan sólo y no zaherirse mutuamente con los recíprocos defectos.»
Es un excelente libro que hace una crítica al parasitismo de la clase alta, de los terratenientes. Iliá Ilich Oblómov creció y nació en una hacienda con todas las necesidades cubiertas. El propio Oblómov dice a su sirviente Zajar: «Tú bien conoces mi delicada educación, —sabes que jamás experimenté ni frío ni hambre, que no conozco la penuria, que nunca tuve que ganarme el pan y que, en general, nunca me ocupé en asuntos innobles». El texto vislumbra la holgazanería y apatía en su máxima expresión. Oblómov no carecía de ambiciones y deseos, buscaba algo, poseía nobles sentimientos, pero durante toda su vida no hizo nada para conseguir sus anhelos y ambiciones; todo lo realizaban otros por él, y eso fue lo que le convirtió en un ser completamente apático. Todo aquello que presente una carga, lo aburre, días tras día tumbado en un mueble. Lo contradictorio del personaje, es que, si la holgazanería es su modo vivendi, tenía por naturaleza la lectura de libros de turismo, ¿para qué leer estos libros? Si no sale de su casa a conocer el mundo. “PERO ¿qué hacía Oblómov en casa? ¿Leía? ¿Escribía? ¿Estudiaba? Cuando caía en sus manos un libro, un periódico, los leía. Cuando oía hablar de algún acontecimiento notable, sentía inmediatos deseos de conocerlo; buscaba libros, los pedía y, si se los traían pronto, se ponía a leerlos y a formarse una idea del contenido. Un pequeño esfuerzo más y lo habría dominado del todo, pero no, acababa tumbándose mirando el techo y el libro yacía junto a él, inacabado e incomprendido».
Cada nueva lectura supone ser un descubrimiento, develamiento que puede ir desvaneciéndose el asombro que yace a escondida a medida que pasamos de una página otra. Sabemos que la memoria nos juega al engaño, que fractura los grandes momentos que encontramos en algunas páginas, más su enemiga el olvido nos dice: mira lo que acabas de descubrir. Pero quizás este hallazgo ya lo hemos visto en otro lugar. El supuesto de lo mismo lo encontramos con este texto, que quizás tenga alguna aproximación, pero no, el personaje que le da vida a este texto es sinigual, tú lo amas o lo odia, lo comprende o le llama la atención.
La novela de Ivan. A. Goncharov "Oblomov" se publicó en 1859 en la revista "Domestic Notes" y se considera el pináculo de todo el trabajo del escritor. La idea de la obra apareció ya en 1849, cuando el autor publicó uno de los capítulos de la futura novela, El sueño de Oblomov, en la Colección Literaria. El trabajo de la futura obra maestra tuvo interrupciones a menudo y finalizó solo en 1858.
La novela "Oblomov" de Goncharov está incluida en una trilogía con otras dos obras de Goncharov: "Acantilado" e "Historia ordinaria". La obra esta escrita según las tradiciones de la literatura del realismo. En la novela, el autor destaca el problema de la sociedad rusa: "Oblomovismo", que considera la tragedia de la persona superflua y el problema del desvanecimiento gradual de la personalidad, revelándolos en todos los aspectos de la vida cotidiana y la vida mental del héroe.
«Para Oblómov la vida se dividía en dos partes: una la constituían el trabajo y el aburrimiento, ambos eran sinónimos para él; la otra, el disfrute apacible de la vida. Por ello, el campo principal, el campo del trabajo, lo desconcertó desde el principio del modo más desagradable»
“Escribí mi vida y lo que creció”, dijo Ivan Goncharov sobre Oblomov. El escritor parece hacerse la pregunta: ¿qué es el oblomovismo: ¿una edad de oro o la muerte, el estancamiento? El texto está dominado por motivos de estática, inmovilidad y decadencia, pero al mismo tiempo como vemos a su protagonista también podemos sentir la simpatía del autor, el humor bonachón, y no solo una negación satírica de la existencia inactiva de la nobleza local, echado todo el tiempo en un mueble, asistir a las riñas entre Zajar, su sirviente, quien había echado toda una vida, y que lo conocía de arriba abajo, Quijote y Sancho, dos mutuales. «las relaciones entre Oblómov y Zajar eran siempre algo hostiles. Por el hecho de vivir juntos tanto tiempo estaban hartos el uno del otro. El trato cotidiano cercano entre dos personas deja su huella tanto en uno como en otro; se precisa gran experiencia vital, de una parte, y mucha lógica y cordialidad, de otra, para gozar de las cualidades tan sólo y no zaherirse mutuamente con los recíprocos defectos.»
Es un excelente libro que hace una crítica al parasitismo de la clase alta, de los terratenientes. Iliá Ilich Oblómov creció y nació en una hacienda con todas las necesidades cubiertas. El propio Oblómov dice a su sirviente Zajar: «Tú bien conoces mi delicada educación, —sabes que jamás experimenté ni frío ni hambre, que no conozco la penuria, que nunca tuve que ganarme el pan y que, en general, nunca me ocupé en asuntos innobles». El texto vislumbra la holgazanería y apatía en su máxima expresión. Oblómov no carecía de ambiciones y deseos, buscaba algo, poseía nobles sentimientos, pero durante toda su vida no hizo nada para conseguir sus anhelos y ambiciones; todo lo realizaban otros por él, y eso fue lo que le convirtió en un ser completamente apático. Todo aquello que presente una carga, lo aburre, días tras día tumbado en un mueble. Lo contradictorio del personaje, es que, si la holgazanería es su modo vivendi, tenía por naturaleza la lectura de libros de turismo, ¿para qué leer estos libros? Si no sale de su casa a conocer el mundo. “PERO ¿qué hacía Oblómov en casa? ¿Leía? ¿Escribía? ¿Estudiaba? Cuando caía en sus manos un libro, un periódico, los leía. Cuando oía hablar de algún acontecimiento notable, sentía inmediatos deseos de conocerlo; buscaba libros, los pedía y, si se los traían pronto, se ponía a leerlos y a formarse una idea del contenido. Un pequeño esfuerzo más y lo habría dominado del todo, pero no, acababa tumbándose mirando el techo y el libro yacía junto a él, inacabado e incomprendido».