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Submundo y sus más de 900 páginas llevaban en mi estantería más de tres años, desde que mis tíos me lo regalaron en unas navidades. Había intentado leerlo en al menos dos ocasiones: en la primera sólo alcancé a terminar el prólogo, en la segunda recorrí algo menos de 300 páginas. A la tercera fue la vencida, y el tiempo que paso en el tren entre casa y el trabajo me dio la oportunidad necesaria.
Leer Submundo fue como asistir a la resolución de un complejo puzle de miles de piezas. Al principio, poco tenía sentido: quizás algún pequeño motivo aquí y allá, en forma de una sub-historia que se deja intuir.
A continuación, pareciera como si DeLillo fuese agrupando las piezas de ese rompecabezas. Por personaje, por época, o por proximidad geográfica, girando alrededor de los temas del béisbol, del peligro atómico, o directamente de los cambios personales a lo largo del tiempo. Todavía no había una visión general, todavía quedaban huecos, pero ya se comenzaba a vislumbrar la foto.
Finalmente, y de un modo magistral, sutil y cuidadoso, el puzle quedó completo. Todos los personajes ocuparon su lugar y su tiempo, y las relaciones entre ellos quedaron claras.
Es difícil definir de qué trata Submundo: sí, es una epopeya americana. Sí, trata de béisbol. También trata de la suerte. De la esperanza, quizás. De la sombra del enfrentamiento atómico entre Estados Unidos y la Unión Soviética. De los cambios en la sociedad entre los años cincuenta y los finales del siglo pasado. Pero, en mi opinión, trata principalmente de la vida. DeLillo nos permite acompañar a sus personajes a través de sus vidas, desde la infancia y juventud hasta su madurez y declive e, invariablemente, nos hace reflexionar acerca de nuestra propia existencia.
Submundo es un estupendo libro para leer con calma y sin dejarse intimidar por su longitud. Leerlo ha sido una experiencia increíble.
Leer Submundo fue como asistir a la resolución de un complejo puzle de miles de piezas. Al principio, poco tenía sentido: quizás algún pequeño motivo aquí y allá, en forma de una sub-historia que se deja intuir.
A continuación, pareciera como si DeLillo fuese agrupando las piezas de ese rompecabezas. Por personaje, por época, o por proximidad geográfica, girando alrededor de los temas del béisbol, del peligro atómico, o directamente de los cambios personales a lo largo del tiempo. Todavía no había una visión general, todavía quedaban huecos, pero ya se comenzaba a vislumbrar la foto.
Finalmente, y de un modo magistral, sutil y cuidadoso, el puzle quedó completo. Todos los personajes ocuparon su lugar y su tiempo, y las relaciones entre ellos quedaron claras.
Es difícil definir de qué trata Submundo: sí, es una epopeya americana. Sí, trata de béisbol. También trata de la suerte. De la esperanza, quizás. De la sombra del enfrentamiento atómico entre Estados Unidos y la Unión Soviética. De los cambios en la sociedad entre los años cincuenta y los finales del siglo pasado. Pero, en mi opinión, trata principalmente de la vida. DeLillo nos permite acompañar a sus personajes a través de sus vidas, desde la infancia y juventud hasta su madurez y declive e, invariablemente, nos hace reflexionar acerca de nuestra propia existencia.
Submundo es un estupendo libro para leer con calma y sin dejarse intimidar por su longitud. Leerlo ha sido una experiencia increíble.