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A review by idesthai
Obras completas by Sarah Kane, María Eugenia Matamala, Eva Varela Lasheras
4.0
Leí una reseña aquí en Goodreads que ahora no soy capaz de encontrar, pero venía a decir que este libro, la obra completa de Sarah Kane, no se leyera de golpe, no se leyera pasada la medianoche y no se leyera si uno no está en un momento de salud mental fuerte. Mucho me temo que hoy no he seguido ninguna de esas tres indicaciones.
En mis años universitarios me obsesioné con el personaje mitológico de Fedra, hasta el punto de dedicarle tres trabajos distintos para tres asignaturas distintas. Investigando sobre la pervivencia del personaje en la literatura contemporánea descubrí el título Phaedra’s Love (1996) de Sarah Kane y me lo leí. Me sentí confusa y asqueada, pero aportó un nuevo enfoque muy, muy interesante a mi trabajo. No había vuelto a releer el texto hasta hoy, que me he sentido menos confusa pero sí igual de asqueada y contrariada por la violencia.
Para el ya mencionado trabajo, busqué también los datos biográficos más básicos de la autora y entonces descubrí que Sarah Kane había padecido depresión severa durante muchos años de su vida, hasta que en 1999 murió de sobredosis poco después de cumplir 28 años. El artículo refería que una de las obras que mejor plasmaba su estado de salud mental era 4.48 Psychosis (1999). Tuve que buscarla y leerla, claro, al padecer yo también una larga depresión mayor. A este texto he vuelto con más frecuencia. La primera vez que lo leí me sentí en carne viva, así de crudos expresaba Kane pensamientos que, aun existiendo en mi mente, nunca antes me había atrevido a verbalizar. Lo releí el año pasado. Lo he releído esta noche. Me he familiarizado tanto con sus verbos y expresiones que ahora los encuentro ligeramente reconfortantes, como un abrazo a mi cerebro que lo consuela y lo contiene.
Blasted (1995) lo empecé a leer en marzo, cuando adquirí este libro, pero se me quedó a medias por no
estar yo de humor para soportar los abusos de Ian a Cate. Hoy he perseverado y he asistido, horrorizada pero sintiendo por fin que entendía cuál era el mensaje de la obra, a la aparición del Soldado y a su relato terrible.
Con Skin (1995) me he visto un poco desubicada porque, aunque indudablemente el guion es obra de Kane, me había acostumbrado ya a su teatro, a las escenas largas y sin demasiada acotación; el formato televisivo lleva a descripciones mucho más detalladas, indicaciones de planos y cortes rápidos que aporten agilidad. No está mal, pero me da menos tiempo para procesar qué está pasando, y con las temáticas que maneja Sarah Kane, lo normal es necesitarlo.
Después de terminar Cleansed (1998), lo admito, he tenido que buscar un artículo que me diera las claves para interpretar qué demonios acababa de leer. Sin ellas, lo único que podría decir de esta obra es que es una auténtica pesadilla. No porque sea “mala”, ni mucho menos, sino porque el contenido es onírico y absolutamente terrorífico: sobredosis, encierros, incesto, violencia sexual, mutilaciones, prostitución, terapia de electroshock, suicidio… Lo único que podía pensar antes de buscar interpretaciones en internet era ¡ATENCIÓN! TODOS LOS TRIGGER WARNINGS DEL MUNDO ⚠️
En cambio, Crave (1998), una obra escueta pero profunda en la que los personajes A, B, C y M hablan, a veces entre sí, a veces solos pero todos a la vez, sin ningún tipo de indicación sobre el espacio, el tiempo o el aspecto físico de los personajes (si acaso lo tienen, porque yo al leerlo lo máximo que he podido imaginar eran voces en el vacío). Lo único que sabemos es lo que nos van contando, pero claro: hablan todos a la vez, haciendo pequeñas intervenciones que nosotres, como lectores, tendremos que intentar unir en un relato coherente para letra, cada voz, cada personaje. Es genuinamente para volverse loco, pero Sarah Kane y yo ya sabemos lo que es eso.
En mis años universitarios me obsesioné con el personaje mitológico de Fedra, hasta el punto de dedicarle tres trabajos distintos para tres asignaturas distintas. Investigando sobre la pervivencia del personaje en la literatura contemporánea descubrí el título Phaedra’s Love (1996) de Sarah Kane y me lo leí. Me sentí confusa y asqueada, pero aportó un nuevo enfoque muy, muy interesante a mi trabajo. No había vuelto a releer el texto hasta hoy, que me he sentido menos confusa pero sí igual de asqueada y contrariada por la violencia.
Para el ya mencionado trabajo, busqué también los datos biográficos más básicos de la autora y entonces descubrí que Sarah Kane había padecido depresión severa durante muchos años de su vida, hasta que en 1999 murió de sobredosis poco después de cumplir 28 años. El artículo refería que una de las obras que mejor plasmaba su estado de salud mental era 4.48 Psychosis (1999). Tuve que buscarla y leerla, claro, al padecer yo también una larga depresión mayor. A este texto he vuelto con más frecuencia. La primera vez que lo leí me sentí en carne viva, así de crudos expresaba Kane pensamientos que, aun existiendo en mi mente, nunca antes me había atrevido a verbalizar. Lo releí el año pasado. Lo he releído esta noche. Me he familiarizado tanto con sus verbos y expresiones que ahora los encuentro ligeramente reconfortantes, como un abrazo a mi cerebro que lo consuela y lo contiene.
Blasted (1995) lo empecé a leer en marzo, cuando adquirí este libro, pero se me quedó a medias por no
estar yo de humor para soportar los abusos de Ian a Cate. Hoy he perseverado y he asistido, horrorizada pero sintiendo por fin que entendía cuál era el mensaje de la obra, a la aparición del Soldado y a su relato terrible.
Con Skin (1995) me he visto un poco desubicada porque, aunque indudablemente el guion es obra de Kane, me había acostumbrado ya a su teatro, a las escenas largas y sin demasiada acotación; el formato televisivo lleva a descripciones mucho más detalladas, indicaciones de planos y cortes rápidos que aporten agilidad. No está mal, pero me da menos tiempo para procesar qué está pasando, y con las temáticas que maneja Sarah Kane, lo normal es necesitarlo.
Después de terminar Cleansed (1998), lo admito, he tenido que buscar un artículo que me diera las claves para interpretar qué demonios acababa de leer. Sin ellas, lo único que podría decir de esta obra es que es una auténtica pesadilla. No porque sea “mala”, ni mucho menos, sino porque el contenido es onírico y absolutamente terrorífico: sobredosis, encierros, incesto, violencia sexual, mutilaciones, prostitución, terapia de electroshock, suicidio… Lo único que podía pensar antes de buscar interpretaciones en internet era ¡ATENCIÓN! TODOS LOS TRIGGER WARNINGS DEL MUNDO ⚠️
En cambio, Crave (1998), una obra escueta pero profunda en la que los personajes A, B, C y M hablan, a veces entre sí, a veces solos pero todos a la vez, sin ningún tipo de indicación sobre el espacio, el tiempo o el aspecto físico de los personajes (si acaso lo tienen, porque yo al leerlo lo máximo que he podido imaginar eran voces en el vacío). Lo único que sabemos es lo que nos van contando, pero claro: hablan todos a la vez, haciendo pequeñas intervenciones que nosotres, como lectores, tendremos que intentar unir en un relato coherente para letra, cada voz, cada personaje. Es genuinamente para volverse loco, pero Sarah Kane y yo ya sabemos lo que es eso.