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rayovm 's review for:
Y las montañas hablaron
by Khaled Hosseini
Es un buen libro, entretenido, me recordó un poco a Purga de Sofi Oksanen, solo que aquí el autor no es finlandés sino afgano.
En 1952, Sabur, un pobre agricultor de una aldea ficticia en Afganistán no encuentra mejor remedio de salvar del hambre a Pari, su hija de 3 años, que entregándola a una pareja rica en Kabul. La decisión la separa de su hermano Abdulá, de 10 años, que se ha dedicado a cuidar a Pari tras la muerte de su madre en el parto.
La historia de un reencuentro que llevará más de 50 años se entrelaza con la vida de otras personas y sus propias historias individuales. También nos da una visión del Afganistán desmoronado por sus conflictos bélicos con sus montones de refugiados en medio de la pobreza y el dolor.
Hay una constante que se hace presente en casi todas las historias: la facilidad con la que el ser humano puede olvidar y volverse ciego ante las injusticias. Puede conmoverse ante imágenes desgarradoras frente a un televisor pero también, quizá en parte como mecanismo de salud, las puede olvidar al apagarlo.
A los personajes de la novela les sucede lo mismo. Solo cuando son testigos de las atrocidades son capaces de compadecerse, entender e intentar hacer algo. Pero una vez que estos se distancian, la preocupación disminuye o deja de existir. Se nos olvida y regresamos a nuestras acomodadas vidas. Si no lo vemos, no existe y Hosseini, quien vive en Estados Unidos en asilo político, parece compartir esa culpa como una carga personal y quizá intenta con su historia de alguna manera cambiar ese sentir.
En 1952, Sabur, un pobre agricultor de una aldea ficticia en Afganistán no encuentra mejor remedio de salvar del hambre a Pari, su hija de 3 años, que entregándola a una pareja rica en Kabul. La decisión la separa de su hermano Abdulá, de 10 años, que se ha dedicado a cuidar a Pari tras la muerte de su madre en el parto.
La historia de un reencuentro que llevará más de 50 años se entrelaza con la vida de otras personas y sus propias historias individuales. También nos da una visión del Afganistán desmoronado por sus conflictos bélicos con sus montones de refugiados en medio de la pobreza y el dolor.
Hay una constante que se hace presente en casi todas las historias: la facilidad con la que el ser humano puede olvidar y volverse ciego ante las injusticias. Puede conmoverse ante imágenes desgarradoras frente a un televisor pero también, quizá en parte como mecanismo de salud, las puede olvidar al apagarlo.
A los personajes de la novela les sucede lo mismo. Solo cuando son testigos de las atrocidades son capaces de compadecerse, entender e intentar hacer algo. Pero una vez que estos se distancian, la preocupación disminuye o deja de existir. Se nos olvida y regresamos a nuestras acomodadas vidas. Si no lo vemos, no existe y Hosseini, quien vive en Estados Unidos en asilo político, parece compartir esa culpa como una carga personal y quizá intenta con su historia de alguna manera cambiar ese sentir.