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habimaru 's review for:
El amuleto de Samarkanda
by Jonathan Stroud
De tanto en cuando, me gusta llegar a obras a través de recomendaciones e ir a ciegas con poco más que la manita arriba de un amigo. Este es uno de esos casos, así que me decidí a no mirar mucho más que la portada (y porque tenái que tenerla en la cara, vaya) antes de hincarle el diente a esta historia.
El amuleto de Samarkanda nos cuenta la historia de un Londres alternativo en el que un joven aprendiz de brujo llamado Nathaniel, harto de que su aprendizaje sea más lento de lo que puede tolerar y con el deseo de vengarse de un mago que lo dejó en evidencia, invoca al demonio Bartimeo y, tras alguna que otra pugna, es capaz de tomar un poco firme control sobre él. Por supuesto, una criatura de siglos de experiencia sabe más que un humano a punto de alcanzar la pubertad, así que... ocurren cosas.
Lo que podría haber sido la premisa de una comedia toma tonos de oscuridad cuando la venganza del chiquillo desbarata accidentalmente un malévolo plan capaz de poner en jaque a la sociedad mágica... y le planta una diana en medio de la espalda. De un plumazo, no solo tiene el deber ontológico de mantenerse con vida, sino el moral (y también un poco de lo otro, por qué engañarnos, que igual si el villano se sale con la suya tampoco quedaría sitio para vivir) de salvar la situación.
No solo la historia engancha y avanza con un ritmo que te hace difícil encontrar puntos de corte para pausar tu lectura, sino que construye de una forma muy clara y divertida un interesantísimo mundo alrededor. Cuando vemos la historia a través de los ojos de Bartimeo, siempre están llenas de anotaciones a pie de página que buscan escaparse de entre las grietas del cuarto muro. Cuando el protagonista es Nathaniel, todo es más impersonal y desconocido. Sumando las dos perspectivas, el relato despega de forma muy acertada. Se siente único, dinámico y, ante todo, vivo.
El mundo y situaciones que promete son fáciles de asimilar para el lector, pero van construyendo pequeñas capas que sedimentan en un sistema complejo que te termina haciendo estar alerta en cualquier momento. ¿Qué hay en lo que, como espectadores, no podemos ver pero sabemos que podría estar ahí según las reglas del mundo? ¿Cómo podemos adelantar cómo funciona esta magia con esos pequeños retazos que nos ha llegado? No pretende ser un reto (de nuevo, la historia es fácil de seguir), pero sí que se siente como un pequeño minijuego adicional que llevar en paralelo a la lectura y son pocas las obras que hacen algo así con tanto acierto.
En resumen, es sorprendente lo mucho que ha encajado conmigo El Amuleto de Samarkanda. Es cierto que no es una revolución en nada de lo que hace (exceptuando ese aprovechamiento de la cuarta pared que mencionaba) pero todo lo que promete lo ejecuta de forma sólida y con una cercanía increíble.
¿Sabéis? Es uno de esos libros capaces de inculcar un interés por la lectura a los más jóvenes. De los que deberían recomendar en los institutos.
El amuleto de Samarkanda nos cuenta la historia de un Londres alternativo en el que un joven aprendiz de brujo llamado Nathaniel, harto de que su aprendizaje sea más lento de lo que puede tolerar y con el deseo de vengarse de un mago que lo dejó en evidencia, invoca al demonio Bartimeo y, tras alguna que otra pugna, es capaz de tomar un poco firme control sobre él. Por supuesto, una criatura de siglos de experiencia sabe más que un humano a punto de alcanzar la pubertad, así que... ocurren cosas.
Lo que podría haber sido la premisa de una comedia toma tonos de oscuridad cuando la venganza del chiquillo desbarata accidentalmente un malévolo plan capaz de poner en jaque a la sociedad mágica... y le planta una diana en medio de la espalda. De un plumazo, no solo tiene el deber ontológico de mantenerse con vida, sino el moral (y también un poco de lo otro, por qué engañarnos, que igual si el villano se sale con la suya tampoco quedaría sitio para vivir) de salvar la situación.
No solo la historia engancha y avanza con un ritmo que te hace difícil encontrar puntos de corte para pausar tu lectura, sino que construye de una forma muy clara y divertida un interesantísimo mundo alrededor. Cuando vemos la historia a través de los ojos de Bartimeo, siempre están llenas de anotaciones a pie de página que buscan escaparse de entre las grietas del cuarto muro. Cuando el protagonista es Nathaniel, todo es más impersonal y desconocido. Sumando las dos perspectivas, el relato despega de forma muy acertada. Se siente único, dinámico y, ante todo, vivo.
El mundo y situaciones que promete son fáciles de asimilar para el lector, pero van construyendo pequeñas capas que sedimentan en un sistema complejo que te termina haciendo estar alerta en cualquier momento. ¿Qué hay en lo que, como espectadores, no podemos ver pero sabemos que podría estar ahí según las reglas del mundo? ¿Cómo podemos adelantar cómo funciona esta magia con esos pequeños retazos que nos ha llegado? No pretende ser un reto (de nuevo, la historia es fácil de seguir), pero sí que se siente como un pequeño minijuego adicional que llevar en paralelo a la lectura y son pocas las obras que hacen algo así con tanto acierto.
En resumen, es sorprendente lo mucho que ha encajado conmigo El Amuleto de Samarkanda. Es cierto que no es una revolución en nada de lo que hace (exceptuando ese aprovechamiento de la cuarta pared que mencionaba) pero todo lo que promete lo ejecuta de forma sólida y con una cercanía increíble.
¿Sabéis? Es uno de esos libros capaces de inculcar un interés por la lectura a los más jóvenes. De los que deberían recomendar en los institutos.