Take a photo of a barcode or cover
A review by luzorozul
Quebrada by Mariana Travacio
5.0
Qué tremenda es Mariana recreando imágenes, olores, voces... andares. Finales.
Cómo nos llevas en todo ese recorrido, en esa búsqueda de esas aguas interminables, Mariana. En esos caminos inciertos, con esos pesos extra que decidimos llevarnos a cuestas.
No puedo decidir cuál de los dos si Quebrada o Como si existiese el perdón, es mi favorito, porque en el fondo su universo es el mismo pero con diez años de diferencia.
Y Lina, que se va del hastío y del recuerdo de los que se le han ido, se va de esos cielos vacíos, de sus días todos iguales, y de su Cruz que no puede ni quiere abandonar a sus muertos, su tierra, sus arraigos. Pero ella quiere, necesita algo más, necesita salir de la Quebrada y buscar el agua, buscar el mar. Necesita dormir, y caminar derecha otra vez.
Y entonces llega el destello de un posible reencuentro; la gratitud y la confianza del acompañamiento de un burro y su instinto; la esperanza de llegar a ese lugar verde y frondoso del que tanto se ha escuchado, y en donde se ha de retomar la vida...
O no.
No tengo cómo darle la certeza que busca: usted sabe que cuando uno se echa a andar, se abren los caminos.
El cielo se estremecía en convulsiones y se llenaba de rasguños, como heridas de luces. Y a cada rasguño que venía, las caras de los peones se alumbraban como si se prendieran y se apagaran. Y ahí nos quedamos, todos afuera, mirando ese espectáculo. Y llegaban unos ruidos que parecía que iban a despedazar el cielo de espanto.
Cómo nos llevas en todo ese recorrido, en esa búsqueda de esas aguas interminables, Mariana. En esos caminos inciertos, con esos pesos extra que decidimos llevarnos a cuestas.
No puedo decidir cuál de los dos si Quebrada o Como si existiese el perdón, es mi favorito, porque en el fondo su universo es el mismo pero con diez años de diferencia.
Y Lina, que se va del hastío y del recuerdo de los que se le han ido, se va de esos cielos vacíos, de sus días todos iguales, y de su Cruz que no puede ni quiere abandonar a sus muertos, su tierra, sus arraigos. Pero ella quiere, necesita algo más, necesita salir de la Quebrada y buscar el agua, buscar el mar. Necesita dormir, y caminar derecha otra vez.
Y entonces llega el destello de un posible reencuentro; la gratitud y la confianza del acompañamiento de un burro y su instinto; la esperanza de llegar a ese lugar verde y frondoso del que tanto se ha escuchado, y en donde se ha de retomar la vida...
O no.
No tengo cómo darle la certeza que busca: usted sabe que cuando uno se echa a andar, se abren los caminos.
El cielo se estremecía en convulsiones y se llenaba de rasguños, como heridas de luces. Y a cada rasguño que venía, las caras de los peones se alumbraban como si se prendieran y se apagaran. Y ahí nos quedamos, todos afuera, mirando ese espectáculo. Y llegaban unos ruidos que parecía que iban a despedazar el cielo de espanto.